Me mata el encierro

Hace dos décadas realicé mí primer retiro en el monasterio de Los Toldos. Fue un shock estar en silencio todo el día, comenzar a las 4.30 am y seguir la rutina de los monjes.

Cómo era de esperarse, con mis 22 años tan hiperactivos como inestables el silencio iba a ser una bomba. Intenté meditar pero me frustre rápido, no sabía cómo hacerlo. Al segundo día, emergieron muchas preocupaciones y angustias que venía trayendo en mí vida: se me hacían evidentes al no tener distracciones cerca. Fue desesperante.

Al tercer dia, entre en crisis con el lugar. Veía a los monjes que hacían su rutina diaria en silencio y me sonreían pacificamente cuando los cruzaba y pensé: «esto es un loquero, están todos psicóticos». ¿Cómo puede ser que elijan vivir toda la vida en un mismo lugar, sin posibilidad de cambiarse, en silencio y sin nada? ¿Y me sonríen? Me voy». Pero al cuarto día un monje anciano (Pedro Alurralde) me busco para conversar y me encontré diciendo cosas que apenas había susurrado a algún amigo. Me sentí tan bien entendido que pronto el silencio se volvió fresco y habitado. Empezaba a reconciliarme conmigo mismo y volver a sentirme en casa.

¿Qué pudo sucederme en esos días? Anselm Grum (monje) describe por qué el «encierro» pueda ser tan liberador:

✔️El monje debe permanecer consigo mismo en la celda y no escapar (La celda era su habitación donde medita y trabaja manualmente).

✔️Un monje en su celda puede hacer todo o nada, ni siquiera meditar. Pero que permanezca allí. Se enfrentará con todo el caos interior que aparece a través de la quietud y el reposo.

✔️Un hombre no madura sino tiene el valor de aguantarse a sí mismo y de encontrarse con su verdad. Por eso el valor de la estabilidad en un mismo lugar y una misma comunidad.

✔️Los monjes no hablan de Dios, tienen experiencia de el. Rechazan la dispersión (aún los pensamientos o actividades religiosas) para un encuentro sincero consigo mismos y desde ahi encontrarse con Dios.

✔️La humildad viene de la palabra «humus», «tierra» y también «humor». El proceso empieza por una espiritualidad desde abajo tocando «tierra».

De ahí que los monjes cantaban «la celda es el cielo». Porque es el lugar de sanación y unión con Dios (*)

(Extractos del libro «Sabiduría de los padres del desierto», Anselm Grum)

👉🏼¡Linda oportunidad en tiempos de cuarentena para PERMANECER sin miedo en la propia CELDA!

#yomequedoencasa

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Una anécdota más: se sucedieron nuevos retiros en Los Toldos, y al finalizar el almuerzo festivo de pascua se acercó Mamerto Menapace y casi a escondidas me dijo: «No le digas a nadie, ¡Feliz Pascua!». Y riéndose sacó de su morral una latita de Quilmes helada para que me llevara a mí cuarto. La pascua era fiesta. Al final, a mis 22 años empezaba a vislumbrar que se podía ser espiritual y humano a la vez…

Esteban Azumendi

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