
Un dolor de cabeza, una opresión en el pecho… y reaccionamos defensivamente:
👉🏼»Hay que sacarse todas las culpas, la culpa es mala».
👉🏼»Siento culpa por todo, hago todo mal».
No vemos claro y las opiniones de los demás nos confunden acerca de lo que deberíamos o no deberíamos hacer.
La duda y la angustia nos invaden, mezcla de miedo por habernos equivocado y mezcla de enojo si nos acusan injustamente: 😬 ¿Seré mala persona? La rumiación mental nos desconecta de nuestro interior y oscurece nuestra mirada.
Añoramos el silencio interior 🤫 para descender a lo sagrado de nuestra conciencia y desde ahi ser compasivos con nosotros mismos.
Sin ese instante primero de silencio amoroso caemos en un moralismo asfixiante que oprime y enferma.
👉🏼 Creer que hay que ser correctos o exitosos para ser queridos es una mentira existencial tan frágil como una hoja al viento ¡Quién nunca se haya equivocado que tire la primer piedra!
🧘🏾♂️ Meditar es pasar del plano moral al plano ontológico. El «sin juzgar» me conecta con lo primero y lo esencial. Sea un santo o un asesino en la cárcel: todos valemos más allá de nuestras acciones.
🧘🏼♀️ Desde ese lugar de calma iré viendo más claro y nuestro cuerpo estará más liviano para discernir luego lo mejor para cada momento.
Puede que entonces respire un poco más abiertamente y la frente se despeje…
Esteban Azumendi