
Cuando meditamos conectamos con nuestro valor incondicional como personas.
Por un rato soltamos nuestros proyectos (por muy buenos que sean) para ir más allá de nuestra realización personal.
Por un rato soltamos las personas que queremos para ir más allá de lo que los demás sienten por nosotros.
Por un rato descansamos nuestros esfuerzos por solucionar los problemas de la vida para priorizar lo esencial por encima de lo urgente.
Por un rato soltamos nuestro «debería ser así» para abrazar lo que es.
Y en ese rato… como frente a un espejo vemos nuestra rebeldía a soltar lo que es provisorio. Enemistados con el tiempo que lleva y trae, intentando congelar el presente (caricatura de la eternidad). Pero el presente fluye, cambia …
Cada respiración me rescata de la periferia mental para reconciliarme con cada instante, aquí y ahora.
Puede que entonces vaya soplando un aire fresco en el pecho y un silencio amable me abra al mismo vertigo del día a día… Pero algo distinto.
Todo puede estar 🙌
Esteban Azumendi.