
Muchas parejas entran en crisis cuando pasa un cierto tiempo de relación y empiezan a darse cuenta que hay diferencias dificiles de resolver.
Al principíio de la relación, las diferencias son atractivas y complementarias: «los opuestos se atraen«. Con el tiempo, cada uno incorpora algo del otro que le aporta. Pero tambien esas diferencias empiezan a sentirse algo incómodas. Se tiene la esperanza de que «si las hablamos y el otro me entiende» podrán realinearse nuevamente como funcionaban al principio. Aprender a conversar las diferencias es un arte para despejar malos entendidos innecesarios.
Pero vá pasando el tiempo y sobreviene una decepción un poco más profunda. Porque aún habiendo conversado esas diferencias las mismas se repiten y persisten. Ya sea porque el otro no puede brindar eso que el primero necesita, o porque simplemente es distinto o porque los intereses de uno chocan con los intereses del otros.
Las tensiones empiezan a instalarse, pero con menos esperanza que al principio. Expresarse parece ya no ser suficiente. Uno empieza levantar el volumen para ser escuchado, el otro lo baja para escuchar menos. Se intenta tener «paciencia» pero una frustración difusa permanece en el fondo, que se exterioriza por medio de:
- Acusaciones mututas: «Vos deberías cambiar y ser distinto» (con resentimiento).
- Retraimientos: «¿Para qué le voy a decir si es lo mismo?» (con resignación).
La pareja se asoma al abismo en un dilema dramático: «¿Tendría que ser yo distinto? ¿o tendría que buscar alguien distinto?»
Estudio de John Gottman1.
Hubo un estudio sorprendente con un resultado que debería aparecer en primera plana de todos los diarios. En este estudio de J. Gottman investigaron qué es lo que hacía felices a muchas parejas. Y entre otras carecterísticas, se dieron cuenta que las parejas felices tenían casi ¡un 70 % de diferencias sin solución!
Lo que distinguían las parejas felices de las no felices es que en esos problemas sin solución se aceptaban, no se forzaban ni acusaban. Hasta incluso las tomaban con humor, pero sobretodo con respeto.
¿Y que diferencia hay entre una pareja funcional de una disfuncional?
Una pareja disfuncional resulta cuando a partir de esas diferencias sin solución se acusan, se desprecian o se aíslan. Es la dinámica relacional en sí, la «forma» de llevar las diferencias lo que la vuelve disfuncional y al tiempo puede producir la ruptura.
El secreto está en la «manera de gestionar» esas diferencias. Estar en pareja presupone una resignación de muchos aspectos para dar lugar al otro. Si bien algo se pierde…. ¡es mucho lo que se gana!
Hay diferencias que se afirman como «yo soy así» pero eso requiere varias distinciones. No es lo mismo la manera aprendida de reaccionar que los gustos personales. La forma de reaccionar se puede trabajar (incluso sanar), asumiendo con humildad las propias dificultades y aceptando los avances posibles sin pretender milagros. Pero los gustos, preferencias e intereses deben respetarse sin criticarse, ya que «sobre gustos no hay nada escrito«. Desde esta base, cada uno merece un espacio y un tiempo para expresar lo propio solos o de manera compartida, coincidiendo a veces más y otras menos.
¿Entonces no existe la incompatibilidad?
Sí existe, cuando hay diferencias estructurales en los acuerdos básicos en el proyecto de pareja2. Por ejemplo:
- Exclusividad: relación abierta vs cerrada.
- Proyecto de familia: querer tener hijos vs no tener hijos.
- Cotidianeidad: convivencia vs no convivencia, asistencia económica mutua.
- Sexualidad: contacto físico vs sin contacto.
- Apto psicofísico: salud mental y física vs adicciones/patologías.
Estos cinco niveles tienen que ver con los cimientos estructurales de una pareja. Y en eso se debe coincidir. Solo después, se empiezan a trabajar la diferencias en la manera de vivir cada una y asumiendo que el 70% habrá que aceptar. ¡Eso es convivir!
Aún así, una pareja puede deteriorarse cuando la cronicidad de las acusaciones y retraimientos genera una desesperanza tal que la relación se rompe. Tal vez podrían haberlas superado a tiempo… ¡pero no pudieron! Si no funciona, será un aprendizaje personal muy valioso para cada uno madurar y prepararse mejor para la próxima relación… pero sabiendo que también encontrarán un 70 % de diferencias en otras cuestiones con el tiempo de relación. Incluso en la soltería: una libertad sin límites puede sentirse algo solitaria en algunos momentos.
La sabiduría de la pareja pasa para distinguir cuales son las diferencias que tiene solución y cuales no. Y llevarlas con profundo respeto y aceptación.
Esteban Azumendi