
Cuando completé mi formación básica en EMDR, allá por el 2016, con varios compañeros tuvimos la sensación de tener una herramienta poderosamente efectiva pero por momentos excesivamente estructurada. Con el tiempo, reiterados intentos de flexibilización por las situaciones clínicas que se presentaban (sobretodo en torno a los problemas de relación) fueron naturalizando ciertos errores que en su aplicación deformaban su efectividad.
La supervisión posterior a la formación básica permite pulir esos errores inadvertidos y ampliar la manera de adaptar con una correcta flexibilidad su aplicación, al comprender en profundidad el modelo terapéutico de Francine Shapiro. Sobretodo en lo que suele ser los más difícil: la conceptualización del caso y su adecuada planificación. Ya que no se trata de una técnica aislada sino de un modelo psicoterapéutico integral.

En mi experiencia actual, la mayoría de las consultas no tienen que ver solo con accidentes o abusos sino con «traumas relacionales«, lo que hace indispensable integrar EMDR con la Teoría del Apego y la terapia de pareja EFT (S. Johnson). Incluyendo los componentes psicodinamicos de la relación terapéutica.
Como supervisor EMDR certificado por IBA Argentina, participo de la supervisión de terapeutas en formación de los entrenamientos básicos oficiales. Cada supervisión particular es computable para la certificación oficial como terapeuta emdr.
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