
Para que una situación dolorosa se convierta en trauma psicológico, el recuerdo puede quedar contaminado por algunas sensaciones negativas:
🔹Sensación de impotencia e incapacidad para elegir frente a lo que sucede, que se impone y abruma la capacidad de respuesta y control de la situación.
🔹Sensación de desamparo, desprotección e inseguridad: no tener a quién acudir o sentirse abandonado por quienes podían proteger.
🔹Sensación de culpa o responsabilidad: sentirse «incapaz, malo o culpable» frente a quién hizo daño o mediante autorreproches sin fin «debería haber hecho…».
El dolor pasa, pero el trauma marca un antes y un después tiñendo de manera inconsciente la manera de percibir el mundo.
Estas creencias «atascan» el recuerdo que queda «congelado«, e invaden automáticamente el presente mediante reacciones inhibidas o excesivas.
👉🏼 Distinguir el pasado del presente es la primera tarea.
👉🏼 Transformar estas creencias no se dan por un simple acto de voluntad o declaración de autoafirmación personal (a nivel neocortex racional). Es más bien un reprocesamiento sobre el cerebro emocional (límbico) para recuperar:
🔹 el sentimiento del propio valor,
🔹 el sentimiento de seguridad básica
🔹 y el sentimiento de poder elegir como enfrentar lo que se presente.
Entonces el presente «ya no será siempre lo mismo» y el futuro se abrirá con sus posibilidades nuevas.
➡️ No es lo mismo tapar una herida infectada con una venda encima, que curar la herida por dentro y luego proteger con una venda para que el cuerpo haga lo suyo.
(Inspirado en el modelo de terapia EMDR, de Francine Shapiro)
Todo puede estar 🙌🏼
Esteban Azumendi