Las Emociones en la Pareja: una guía interna.

Dr. Leslie Greenberg (transcripción)

Tus relaciones con otras personas constituyen un manantial de experiencia emocional. Las emociones son, fundamentalmente, relacionales. Te conectan con otras personas. Te proporcionan información acerca del estado de tus vínculos íntimos, diciéndote si están en buenas condiciones, si han sido interrumpidos o si necesitan mantenimiento. Estás calmado y te sientes a gusto cuando todo funciona bien entre tu pareja y tú. Cuando no es así, estás intranquilo y molesto. Las emociones tienen una gran importancia en la vida cotidiana de tus relaciones.

Las emociones de vínculo son la base de las relaciones.

La evolución ha preparado a las personas para tener sentimientos agradables cuando están cerca de otras personas que les cuidan y sentimientos desagradables cuando se les separa de ellas en contra de su voluntad. Básicamente, sientes alegría cuando estás con personas amadas y miedo / ansiedad cuando se rompe ese vínculo. Los seres humanos somos una especie que necesita a los demás para sentirse segura y feliz. Los vínculos adultos implican disponibilidad emocional. Sentir necesidad por otras personas se vuelve algo no saludable solamente cuando no puedes tolerar la separación, montas en cólera, o te deprimes profundamente por una pérdida, distanciamiento, una separación o un distanciamiento. 

Por lo general, las parejas saben que sus emociones gobiernan su relación. Saben que sus emociones afectan lo que se hacen el uno al otro, o con el otro. Pero, aunque las parejas saben intuitivamente lo importante que son sus emociones, generalmente no tienen muchos conocimientos acerca de cómo afrontar su experiencia emocional en la relación. Simplemente, nadie les ha enseñado cómo manejar sus emociones. Todo lo que han aprendido es que sus emociones negativas, de enfado o dolorosas son problemáticas y que deben ser evitadas a toda costa; así como, que los sentimientos amorosos son usualmente buenos. También han aprendido con la experiencia que, en algunas ocasiones, pueden expresar sus sentimientos, pero que muchas veces otras personas los ignoran, no los tienen en cuenta o incluso los ridiculizan.

Por lo tanto, han llegado a la conclusión de que sus sentimientos están mejor adentro, controlados o ignorados, hasta que desaparezcan o cambien con el tiempo.

  • Bob y Marie, un joven matrimonio, acaban de tener su primer hijo. Bob se siente abandonado y solo ahora que Marie está tan ocupada tratando de desempeñar sus nuevos roles como madre y como trabajadora asalariada. A él le está resultando difícil aceptar que no se está sintiendo querido, y en vez de hablar sobre ese sentimiento de sentirse abandonado por parte de ella, empieza a volverse crítico con la forma en que Marie hace las cosas y se comporta de manera más autoritaria. Las críticas y las peleas comienzan….

Para las parejas como Bob y Marie muchas veces resulta difícil afrontar sus sentimientos más negativos, porque no saben cómo manejar bien sus emociones. No saben qué hacer cuando se sienten solos, enfadados, y dolidos. No saben qué hacer cuando se sienten incompetentes o cuando no se sienten amados ni merecedores de amor. No saben qué pueden esperar de su pareja, ni si lo que están sintiendo es maduro o infantil e inaceptable No han aprendido que la intimidad implica compartir sentimientos dolorosos. No saben que las emociones problemáticas y conflictivas son comunes en las relaciones amorosas, y que odiar a la persona que se ama resulta, en ocasiones, inevitable. No saben que igual que existe atracción hacia la pareja puede haber repulsión, y que tanto el aprecio como el resentimiento son normales. No saben qué sentimientos son problemáticos y cuáles son sanos y deberían ser expresados.

Las emociones te dicen que algo está mal. Las emociones identifican los problemas para que tú los resuelvas. Así, cuando Job comienza a sentirse enfadado porque Marie no está disponible, o Marie teme que Bob se enfadará o le desaprobará, sus sentimientos constituyen alarmas automáticas que dicen: «Esto es importante, algo aquí está mal. No se está satisfaciendo mi necesidad de atención o de apoyo». Esta retroalimentación emocional ocurre constantemente, te informa de cómo estás conduciéndote y de cómo va tu relación. Tienes que prestar atención a esa información. Si estás atemorizado, triste o enfadado con tu pareja, estás recibiendo información de que algo funciona mal.

Si no prestas atención a lo que sientes y a lo que necesitas, tu relación se deteriorará.

Las emociones te informan que lo que sucede está relacionado con tu bienestar, y que tu necesidad no está siendo satisfecha. Entonces, tienes que comenzar a actuar para hacer algo al respecto.

Resolver situaciones difíciles se vuelve más sencillo si tú y tu pareja podéis aprender a manejar eficazmente vuestras emociones.

  • Bob y Marie tomaron conciencia de que algo no estaba yendo bien, porque habían aprendido a prestar atención a sus emociones. Podían reconocer lo que sentían. Bob estaba enfadado por sentirse ignorado y dejado de lado. Marie estaba asustada por su desaprobación y se sentía abrumada. Usaron la conciencia de sus sentimientos para comenzar un diálogo no culpabilizador acerca de lo que sentían y necesitaban del otro. Más que acusarse, juzgarse o tratar de cambiar al otro, fueron capaces de hablar tratando de culpar al otro lo menos posible, escuchando sin estar a la defensiva y respondiendo con aceptación y cariño, de la mejor manera que cada uno era capaz. Al ser humanos, no pueden ser perfectos. Nadie puede serlo, pero en el fondo, su intención de resolver en vez de culpar, de hablar en vez de vencer, y de discutir para llegar a acuerdos y no para ganar, era evidente para ambos. Todo esto les ayudó a escucharse y responderse.

Además de proporcionarte información acerca de tus reacciones con tu pareja, las emociones tienen, también, un papel importante en la comunicación. Las emociones constituyen las principales señales de la comunicación en las relaciones íntimas. Son el sistema primario de señales a partir de la infancia. Envían mensajes que regulan, bastante bien, el comportamiento de las personas que cuidan a los niños. Los gritos de los pequeños hacen que acudamos a ellos corriendo, y sus arrullos nos causan una alegría inmensa. Las emociones continúan siendo en la edad adulta la principal forma de comunicación, regulando las respuestas entre las personas. Las emociones señalan a los demás, especialmente a tu pareja, hasta que punto se están satisfaciendo tus necesidades de relación y tus expectativas. Las emociones también indican a tu pareja los estados en que te encuentras y las intenciones que tienes. Por lo tanto, es necesario que cada uno aprenda a leer las señales emocionales del otro. Por ejemplo:

  • En los últimos días Marie ha estado muy ocupada, tanto en el trabajo, como con el niño y la casa. Está cansada e irritable, pero no tiene ni el tiempo ni la energía para hablar de ello. De hecho, últimamente, Marie casi ni le ha prestado atención a Bob. Lo que necesita es que Bob sea sensible a lo que ella está sintiendo. Bob es consciente de que algo está pasando. Nota que la voz de Marie suele ser tensa y que, en ocasiones, ella no le mira directamente cuando le habla, como si estuviera distraída. Estas señales emocionales le dicen que ella está estresada y que no quiere exigencias por su parte. Leer esas señales emocionales puede ahorrar muchas dificultades en las relaciones.

Expresión de las emociones. 

Ha existido una gran confusión acerca del modo cómo las emociones se deben expresar en las parejas. Algunos escritores han argumentado a favor de que siempre se debería expresar los sentimientos, mientras otros advierten que los sentimientos causan problemas y que no es conveniente expresarlos. Lo que realmente necesitas es una integración de la cabeza y el corazón. La expresión y la acción razonada, a la vez que guiada emocionalmente es la mejor. No es preciso que siempre des rienda suelta a tu enfado. Más bien, necesitas usarlo para que te informe de que te sientes ofendido y, entonces, tienes que usar el pensamiento para analizar la situación. Basado en la integración de razón y emoción, expresas tus intereses de una manera razonada, diciendo algo como «no me gusta que me critiquen». Esto puede ocurrir, solamente, si eres consciente de tus emociones y sentimientos. Hace falta que tengas un cierto conocimiento de cómo funcionan, qué impacto tienen en los demás y lo que puedes hacer con ellos.

  • Marie, por ejemplo, sabe que a veces se siente sobrecargada debido a la situación del trabajo. También sabe que siente que Bob se enfada y no le ofrece apoyo en esos momentos. Esto ha ocurrido antes y Marie ha aprendido algo acerca de sus reacciones. Al principio, ella sentía mucho y no decía nada, lo que le conducía a una cadena de diálogo interno que le hacía sentirse más y más deprimida y enfadada. Entonces, al final, explotaba. Después de haber visto que eso no funcionaba, aprendió que era mejor expresar sus sentimientos mucho antes; pero también, que era conveniente que expresara solamente un tipo particular de sentimientos, no todos a la vez. Aprendió que lo que le ayudaba a resolver cosas era, en primer lugar, hablar acerca de su propia experiencia y no acerca del comportamiento o de las motivaciones de Bob. Segundo, era necesario que hablara acerca de sus sentimientos más centrales y profundos, que usualmente eran sentirse dolida o sola, en vez de confiar en sus sentimientos más defensivos, normalmente el enfado. Tercero, aprendió que para resolver los asuntos hacía falta que escuchara lo que él estaba sintiendo. Cuarto, mientras escuchaba lo que él decía, era preciso que no olvidara sus propios sentimientos y su necesidad de que fueran escuchados. Ella y Bob aprendieron que resolver diferencias requiere que ambos escuchen y hablen, de una manera muy íntima, acerca de quiénes son y cuáles son sus necesidades. Es importante que valoren las diferencias.

Crear intimidad

Crear y mantener una relación íntima satisfactoria es una tarea clave que dura toda la vida. ¿Qué implica eso? La intimidad supone traer tu mundo interior de sentimientos, necesidades, deseos, miedos, percepciones y fantasías en contacto con el mundo exterior de otra persona, tu compañero, que a su vez tiene su propia experiencia; y que esa otra persona íntima confirme tu mundo interior. La intimidad es el resultado de contarle a tu pareja tus sentimientos e intereses principales y de sentir que él o ella los entiende. Además, tiene que ser un proceso recíproco. Todo el mundo desea tener un compañero que escuche, comprenda, acepte, compadezca, confíe, perdone y admita su parte.

Es importante que ambos componentes de la pareja sean conscientes de sus sentimientos primarios y los expresen, en lugar de mostrar sus reacciones secundarias, defensivas o autoprotectoras. Lo que inyecta nueva vida a las relaciones es la revelación sincera de lo que uno siente al compañero, especialmente cuando la relación se ha enfriado o se ha anquilosado. Expresar nuestros sentimientos nos acerca y nos mantiene unidos.

La intimidad implica expresar sentimientos de estar dolido, porque nuestro dolor, con frecuencia, señala aquello que necesitamos con más urgencia, pero que nos avergüenza pedir. Suele suceder que no podemos pedirlo, porque previamente no hemos tenido el suficiente apoyo que nos ayude a sentir que nuestra necesidad es legítima. También puede ocurrir que no tengamos la confianza de poder sobrevivir si los demás no responden a nuestra necesidad, o que hayamos prometido no permitirnos necesitar algo y que nos vuelvan a hacer daño. Normalmente, es nuestra relación con nuestros propios sentimientos, más que la relación con nuestra pareja, la que nos impide tener intimidad. Debido a que pensamos que el otro nos rechazará si le decimos lo realmente estamos sintiendo, nos cerramos. Nos decimos que tenemos que ser fuertes. A menudo, despreciamos nuestras necesidades. Ni siquiera le damos a nuestro compañero la oportunidad de responder. Sin embargo, muchas veces, el rechazo que imaginamos está más en nuestra fantasía que en la realidad. Realmente, no sabemos cómo responderá el otro, pero tenemos miedo de asumir el riesgo de descubrirlo.

Para que exista intimidad uno tiene que poder expresar cualquier cosa que esté ocurriendo por dentro, y tener la confianza en uno mismo de que podrá manejarlo si la otra persona no responde como se esperaba.

  • Después de un intercambio particularmente difícil, Marie acusa a Bob de que es controlador, de que no dice lo que quiere, sino que por el contrario, espera siempre que ella lo adivine. Le dice que ese es un papel que ella, ahora, se niega a asumir. Bob admite que tiene la necesidad irracional de controlar y mientras lo dice, por un momento, la mira de manera suplicante e infantil. Este es un momento crítico. Marie puede, o bien perderse este momento porque está tan implicada en su propio proceso, o bien darse cuenta de la suavidad en la cara de Bob, de la súplica, con lo que la barra de acero que tiene dentro podría derretirse. Quizás llegue a sentir ternura y, ante la expresión de la cara de él, le devuelva una mirada de interés. Apoyado por esa expresión de Marie, él puede empezar a abrirse. Tal vez diga que, con mucha frecuencia, observa sus reacciones buscando señales de rechazo, y lo mucho que desea llegar a ella, pero que tiene un gran temor a ser rechazado. Así que termina tratando de controlar las cosas. Reconoce que no lo demuestra porque tiene miedo a resultar herido. Esta postura más suave de Bob puede ayudar a Marie a sentirse más abierta, y a hablar de cómo ha desistido de responderle por miedo a ser criticada por no comprenderlo. Lo que ha preferido es darse la vuelta y quitarse de su camino. Es posible que en este momento consiga hablar de su sensibilidad a la crítica y pueda pedir reconocimiento y respeto por parte de él, como una condición previa para apoyarle. Ahora, los dos pueden mirarse. Algo en el aire está vivo, algo nuevo ha ocurrido. La relación respira vida otra vez. Todavía es necesario mucho trabajo, pero ha emergido una nueva posibilidad, la intimidad de compartir las vulnerabilidades.

Cómo empiezan los problemas en las parejas.

«Si mi pareja realmente me quisiera, sabría siempre lo que necesito…»

Con mucha frecuencia vamos por la vida sin decirle a nuestra pareja lo que, realmente, sentimos o pensamos. Parece tan difícil hablar de los sentimientos. De algún modo, da miedo.Tienes miedo de parecer tonto, de ser rechazado o de no recibir la respuesta que deseas. En la terapia de pareja uno de los mitos casi universales que lamentablemente tenemos que romper, o al menos dejar descansar, es la fantasía de la «pecera«: creer que tu esposo o esposa debería ser capaz de ver lo que hay dentro de ti y ver todos los sentimientos y pensamientos nadando en tu interior. Funcionas con el supuesto perjudicial de que tu pareja debería saber lo que sientes y necesitas, sin tener que pedirlo. Es posible que pienses que si tienes que pedirlo, no tenga el mismo valor que lo que se da espontáneamente.

Hay una parte de verdad en la idea que sostiene que los gestos espontáneos son una prueba de las intenciones de tu pareja, más específicamente, del amor de tu pareja hacia ti. Pero demandar constantemente pruebas no es una buena forma de llevar una relación a largo plazo. Ser capaz de pedir lo que quieres y necesitas es la mejor manera de asegurar tanto tu satisfacción, como que la relación funcione bien. Cuando algo se pide y se dá de buena gana, es una demostración de cariño.

«Si yo pudiera conseguir que mi pareja cambiara…«

Al principio los problemas surgen en las relaciones porque, a menudo, no dices lo que sientes o necesitas, o porque cuando tratas de explicarle a tu pareja lo que necesitas, tu pareja no te entiende. Este es un problema comunicacional. Sin embargo, suele suceder que a medida que pasa el tiempo consigues comunicar tus necesidades a tu pareja y, sin embargo, todavía existe un problema. Ahora ya no son los malos entendidos los que ocasionan dificultades. Durante la evolución de  la relación, los esposos comprenden muy bien lo que su pareja necesita pero, simplemente, o no pueden o no quieren dar la respuesta que el otro está buscando. Debido a que tu compañero es diferente a ti y a que sois personas únicas que tienen sus propias necesidades, no sois capaces de responder al otro siempre de la manera adecuada, en el momento adecuado. Muchas veces, sencillamente tu pareja no se siente de la forma en que tú quisieras que se sintiera. Tu compañero no se siente generoso o interesado cuando tú necesitas precisamente eso, y no hace lo que tú quieres de la manera en que tú lo deseas. Entonces,comienzas a sentir que tu pareja es una persona fría y poco afectuosa. Comienza el conflicto. Empiezas a tratar de cambiar a tu pareja y comienzas a culparle o a aislarte para conseguir este propósito. Es posible que uno de los dos termine pidiendo «dame,dame». Tal vez uno está muy cerrado o muy asustado por la intimidad, mientras el otro, quizás, esté gritando «déjame en paz, eres demasiado exigente,o necesitas demasiado». Aquí es donde comienza el verdadero problema. Ciclos como estos emergen muchas veces debido a la incapacidad de expresar tus sentimientos más íntimos. ¿Cómo puedes resolver esos conflictos?

Es preciso que seas capaz de salir del círculo vicioso de ataque y defensa o de persecución y retirada, ya que aceptes, verdaderamente, a ti y a tu pareja. Tienes que cambiar las interacciones a través de la expresión de tu sentimiento primario relacionado con el vínculo y con tu necesidad de cercanía y consuelo. Muchas veces para hacerlo, más que cambiar a tu pareja, es necesario que cambies tú.

Ciclos destructivos en las parejas

La emoción primaria y las necesidades sin expresar subyacen a estos ciclos negativos. Mantienes el ciclo funcionando al expresar emociones secundarias que enmascaran tu sentimiento primario o utilizando respuestas emocionales como medio para obtener lo que quieres de la otra persona, como por ejemplo llorar para producir compasión, aunque no estés realmente triste. Los ciclos se forman alrededor del interés más sensible tuyo y de tu pareja, aquello en lo que cada uno se siente más vulnerable y necesita más. Uno de vosotros puede desear más cercanía, ser más ansioso con respecto a estar conectado y necesitar más que le demuestran constantemente amor, el otro puede estar más inclinado a sentirse inadecuado, a preocuparse por ser competente, necesitar más cumplidos o necesitar más espacio y ser sensible a la intromisión. Puede que uno de vosotros funcione con más rapidez, sea más decidido y más activo, y se ponga impaciente si se siente contenido. Los ritmos pueden ser diferentes, el otro puede ser más lento, necesitar más descanso y relajación. Es posible que uno de vosotros sea más audaz y el otro más temeroso. Uno más abierto, el otro más cerrado. Uno más independiente, el otro más dependiente. Nunca, dos personas son exactamente iguales. Asumes diferentes roles en las distintas relaciones de tu vida, pero en ésta en particular con el tiempo te vuelves sensible, precisamente, acerca de ese tema en el que se evoca tu ansiedad y tus necesidades. Es posible que éstas no coincidan con las de tu pareja, o por lo menos no en el mismo grado. Todo eso produce una sensación de que no estáis en sintonía sentimentalmente, y de que vuestras necesidades son dispares.

Estados emocionales difíciles. Si no podéis prestar atención a las necesidades básicas sin satisfacer de ambos, os quedareis enganchados en vuestro ciclo: es como si un tipo especial de danza comenzara, una danza demencial.

En esas danzas puedes adentrarte en lo que considerarás, después, como estados de «locura». Posteriormente dirás que lo que sentías y lo que dijiste en esos estados no era cierto, que realmente «no eras tú». Esos estados de «no soy yo» parecen tener voluntad propia. En dichos estados es posible que os gritéis mutuamente, en lugar de hablar, o que te aísles y no escuches al otro. Es posible que pienses que todo eso ya lo has oído antes. Probablemente ya habéis repetido esas discusiones y las habéis resuelto, os habéis comprendido y perdonado mutuamente muchas veces. Pero todo vuelve a repetirse. Incluso puedes verlo venir, una vez que entras en esos estados emocionales no saludables de amenaza, afrenta o humillación, basados en heridas pasadas, es como si os transformáis en otros seres. La sensación de anhelo se puede volver física, ansías algo de tu pareja desde lo más profundo de tu cuerpo. O puedes sentir una necesidad desesperada de protegerte a ti mismo de la destrucción. Temes sentirte arrollado por tu pareja, la percibes como una intromisión poderosa y te cierras, te vuelves rígido, te sientes frío e impides cualquier contacto. Generalmente, esos estados emocionales extremos reflejan estados emocionales no saludables o secundarios. No suelen representar tus respuestas centrales iniciales a tu pareja. Más bien, son el resultado de secuencias internas e interaccionales poco sanas. A continuación, damos un ejemplo de estados no saludables de este tipo que aparecieron durante una tormenta emocional.

  • En un ciclo determinado uno de los miembros de la pareja, la esposa, respondiendo a las exigencias de su marido, comienza a sentirse abrumada por las reacciones de él. Ella escucha su voz y reconoce esa expresión familiar de enfado en su cara. No sabe, exactamente, lo que ha ocurrido, pero siente que es peligroso. Algo dentro de ella comienza a cerrarse. Se vuelve fría, se siente terriblemente atacada e impotente. El sigue acercándose a ella con palabras furiosas, preguntas y acusaciones. Ella no escucha; lo único que quiere es que él deje de hacer eso y se marche. Él continúa exigiendo, entrometiéndose; lo que ella quiere es que la deje en paz. Ella necesita escapar, alejarse. No puede pensar. Explota y le dice algo terrible para que él pare. Es ese momento ella le odia. Entonces ella se retira, sólo para tratar de calmarse, deseando que todo se detenga. El marido la quiere cerca y ella está distante. Él había reaccionado inicialmente a algo que ella había dicho y ahora se siente herido e ignorado. Había venido a casa con la esperanza de estar juntos y hacer el amor. Se siente herido y enfadado, considera que ella es fría y le rechaza. Él trata de decirle lo que está sintiendo y se enfada porque ella no le escucha. Le explica que lo que ella está haciendo le resulta muy dañino, y la interroga queriendo saber por qué lo hace. Siente que necesita desesperadamente que ella se suavice y comienza a sentir una intensa impotencia y, luego, enfado. Pierde todo contacto con ella y solamente siente el muro que ella ha puesto. Se enfurece por ese muro y en lo único en que puede pensar es en destruirlo, pues es lo que le está impidiendo conseguir lo que necesita con tanta desesperación Considera que ella es cruel al negárselo y desea destruir la barrera. Está tan concentrado en quitar la barrera que apenas reconoce la explosión de ella. Se siente distante y frío.

El ciclo persecución / distanciamiento. En cuanto a necesidades, nunca se coincide perfectamente con la pareja. Normalmente, uno de los dos quiere un poquito más de algo, bien sea cercanía, contacto, hablar, tocar, tiempo o cualquier otra cosa. Por lo tanto, el ciclo más común que emerge es el ciclo de persecución/distancia, en el que uno de los dos está, esencialmente, persiguiendo al compañero para conseguir más cercanía o intimidad; pero no resulta fácil verlo, debido a que tiene que recurrir a menudo a culpar y quejarse para conseguirlo. Aunque el otro miembro de la pareja desee estar conectado, se siente abrumado. Están amenazando su autonomía y su identidad, y eso puede llevarle a sentirse incompetente ante las exigencias que le hace la pareja.

Debido a que la identidad es otro tema principal, el poder constituye también una preocupación clave. El que siempre tiene la última palabra es el que, normalmente, define las cosas. Eso ocurre de una manera imperceptible al principio, pero se puede convertir, luego, en un tema importante. Uno de vosotros es más rápido en exponer las necesidades, es el que escoge la película, el restaurante. Al principio, el otro está de acuerdo, es posible que incluso disfrute el no tener que pensar acerca de lo que quiere. Con el tiempo, todo esto se convierte en un segundo tipo de ciclo que causa muchos problemas, un ciclo de dominación / sumisión.

El ciclo dominación/sumisión. En este ciclo, uno de los dos tiene que tener la razón y salirse con la suya. La parte dominante de la pareja puede sentir que demostrar que tiene la razón es una cuestión de supervivencia. Si se le reta o, incluso, si se le pregunta, el dominante se vuelve muy protector de su posición. El otro, después de seguirle durante años, ha olvidado cómo se escoge, cómo se toman decisiones y tiene miedo de cometer errores o de decir lo que piensa y producir un conflicto.

El ciclo culpa/retirada. Los problemas comienzan cuando no se escuchan tus sentimientos y no se satisfacen tus necesidades de vínculo. Esto ocurre muchas veces debido a que sientes que tus propios sentimientos y necesidades no son aceptables y por lo tanto, no dices lo que sientes y necesitas. Cuando un miembro de la pareja se siente inseguro o solo, y no siente que tiene el derecho a sus sentimientos y necesidades, estos se quedan sin expresar. Esperas que tu pareja se dará cuenta de tus sentimientos y necesidades, y cuando no lo hace, terminas sintiéndote aislado. Entonces, tu tristeza o tu soledad no expresada y los sentimientos de no ser amado o de ser tratado con negligencia, se convierten en enfado y comienzas a criticar o a culpar. A la vista de la crítica y del desprecio que uno de los componentes de la pareja expresa, el otro se siente incompetente y se retira o se defiende. En ese momento, están atrapados en un ciclo que tiene su propia dinámica. Uno de los dos culpa y el otro se retira. Cuanto más se retira el uno, más le culpa el otro, y cuanto más le culpa el perseguidor, más se retira el que asume el papel de retirarse.

Por lo general, la persona que está culpando se siente sola o no escuchada y la persona que se retira se siente atemorizada o incompetente. El que culpa suele sentirse aún más abandonado como respuesta a la retirada del compañero. En realidad, el que se retira solamente está tratando de protegerse y la persona que culpa interpreta la retirada como un rechazo. Lo que las personas que se quejan o critican están tratando de hacer realmente es intentar satisfacer sus necesidades, pero lo único que siente el receptor de la culpabilización es que está siendo criticado. Se siente incompetente y, entonces, trata de protegerse, Con frecuencia, ese sentimiento inicial de incompetencia o ansiedad es lo que le hizo estar menos disponible y lo que evocó en su pareja los sentimientos de abandono. Así, el ciclo evoluciona.

Como hemos visto, en un tipo de ciclo el perseguidor pretende conseguir cercanía emocional, pero lo hace culpando y criticando, y el que se retira busca protección emocional. En otro tipo de ciclo, la persona dominante domina, se esfuerza demasiado, toma todas las decisiones y se siente sobrecargada. Su pareja, el que se siente más inseguro, indeciso o sumiso, funciona por debajo de sus posibilidades, no hace mucho y termina sintiéndose invisible, como si no existiera en la relación.

  • Bob se sentía solo y poco amado. Comenzó a sentirse solo porque Marie le prestaba demasiada atención a su carrera y aunque, al principio, él trató de expresar lo que sentía, luego sintió que quizás era demasiado dependiente, así que terminó sofocando sus sentimientos. Sin embargo, con el tiempo, descubrió que estaba enfadado, y comenzó a criticar a Marie. Al final, después de muchos meses de escuchar críticas, Marie empezó a distanciarse. Llegaba a casa, Bob comenzaba con las críticas y ella se sentía incompetente, como si le estuvieran diciendo que no era una persona lo suficientemente buena. En vez de entender que él se estaba sintiendo herido y solo, lo cual resulta muy difícil cuando tu pareja te está criticando, ella seguía tratando de defenderse y, al final, quedaron atrapados en el ciclo de ataque y defensa. Entonces, ella comenzó a retirarse y a sentir que no valía la pena hablar o relacionarse, y que lo que resultaba más seguro cuando él estaba enfadado, era mantenerse apartada de su camino. Surgieron la distancia y la alienación. Con frecuencia la pareja no es consciente de la dinámica del ciclo ni de sus sentimientos. Sólo se dan cuenta de la distancia y de la alienación. Empiezan a decir «nos estamos distanciando, tus intereses son distintos, la relación se está enfriando». En realidad, se han cerrado.

Una vez que se pone en marcha, el ciclo asume el poder. Los temas emocionales cruciales permanecen sin resolver. La intimidad es imposible porque ambos sienten que tienen que protegerse de más decepciones. Esto impide que cada uno se arriesgue a revelar a su pareja los sentimientos más profundos que emergen. El ciclo vergüenza / ira. Una secuencia emocional especialmente difícil e importante en las parejas es la secuencia vergüenza-ira, en la que una persona se siente, fundamentalmente, humillada y luego se enfurece. Esto puede resultar muy intenso y, con el tiempo, conducir a violencia en la pareja. En este caso, la ira de la persona suele ser una respuesta a su incapacidad de manejar sentimientos más básicos de vergüenza e impotencia.

Si sientes ira, es necesario que aprendas cómo calmarla y que llegues a lo que, en realidad, está debajo de la ira. Normalmente, se trata de un sentimiento bien de vergüenza por la impotencia, bien de vulnerabilidad e incapacidad, o bien de sentirse triste, solo y abandonado. Si a menudo montas en cólera, hace falta que aprendas a experienciar y expresar tus sentimientos más vulnerables. Expresar el miedo subyacente, la vergüenza o el dolor tiene un impacto muy diferente en tu pareja del que tiene expresar la ira destructiva. Ser consciente de tus sentimientos centrales y ponerte en contacto con ellos cuando emergen es, por lo tanto, la manera fundamental de impedir el desarrollo de la ira destructiva. Así que es necesario que sepas, por ejemplo, que cuando estés sintiendo que tu enfado te pone a la defensiva, tienes que expresar el miedo que es anterior al enfado.

La fase de desilusión. Al final, se puede discutir también acerca de la forma en que se discute y esto se convierte en una nueva discusión. Uno de los dos dice «siempre estás culpando» o «eres muy frío e insensible». Es posible que ahora hayáis entrado en la etapa de «cambia a tu pareja». Con frecuencia, esta etapa abarca varios años. Sin embargo, este esfuerzo de renovar al compañero no funciona como uno esperaba. Como resultado ocurre un deterioro, en lugar de una mejoría. Este es el periodo de la desilusión. Al principio puedes dedicar tus esfuerzos a tratar de comunicarte, con la creencia de que una vez que tu compañero sepa lo que necesitas y lo que quieres, te lo proporcionará. Entonces comienzas a caer en la cuenta, tu pareja sabe bien lo que necesitas, has tenido éxito a nivel de comunicación. Pero tu pareja, simplemente, no te da lo que quieres. Es difícil comprender sus razones, ya que se trata de una persona diferente a ti, que tiene sus propias necesidades y conflictos que le impiden ser un proveedor fiable de lo que quieres. Todo lo que puedes hacer, o eso es lo que crees, es empezar a preguntarte si realmente te ama. Comienzas a atribuir todo tipo de razones para explicar que no te de lo que deseas. Normalmente, en la medida en que sientes más y más carencia, no lo atribuyes a que tu compañero esté cansado o estresado. Dejas de considerar que lo que está yendo mal pueda deberse a la situación. Vas directamente a la yugular: la personalidad de tu pareja.

Tal vez digas que él o ella es demasiado exigente, egoísta, inseguro, frío, incapaz de expresar enfado, que le asusta la intimidad, etcétera. Llegado este punto, las opciones son cambiar la personalidad de tu pareja o dejarle. Ambas son opciones desafortunadas. Es mejor encontrar otro camino.

Por lo general, a estas alturas ambos estáis bastante heridos y, por supuesto, habéis estado dolidos durante todo el tiempo transcurrido. ¿Cómo podrías haber expresado tu dolor de una manera más constructiva? ¿Es posible expresar dolor sin enfadarse? Hasta cierto punto, se puede considerar que estar dolido es, simplemente, un resentimiento que no ha sido expresado. ¿Puedes sentirte dolido con tu pareja sin estar enfadado con él o ella? El problema es que normalmente el enfado aparta a tu pareja. Sin embargo, el dolor y la tristeza piden consuelo. Cuando tu compañero siente tu enfado no puede ofrecerte consuelo y alivio, porque está muy ocupado preparando una defensa contra tu posible ataque, que el enfado señala como inminente. Mientras tanto, tú estás esperando con expectación que alivien tu dolor y sientes que la insensibilidad de tu pareja es un insulto añadido a la herida. Como respuesta al insulto o a la falta de sensibilidad te enfadas. ¿Cómo te bajas de ese carrusel, o mejor, cómo evitas subirte en él?

Manejar el dolor y el enfado: los dos elementos principales que crean el muro de aislamiento.

Una de las dificultades más importantes es, sin duda, manejar tu propio enfado y el de tu pareja. Como hemos dicho, el enfado como respuesta a una afrenta es un sentimiento saludable que necesita ser expresado. Sin embargo, suele suceder en las parejas que el enfado aparece como una respuesta secundaria a un sentimiento más primario de dolor o de miedo por sentirse poco amado o poco apoyado. Muchas de las emociones «que endurecen» que se expresan dentro de una pareja, como enfado, resentimiento y desprecio, pueden ser intentos agresivos de protegerte de tu compañero, o de protegerte contra tus propias emociones más dolorosas «que ablandan» como tristeza, miedo y vergüenza.

El dolor y el enfado son una parte normal de las relaciones. ¿Qué haces con estas dos visitas poco gratas para que no se queden ni se conviertan en los ladrillos de una pared de alienación y aislamiento? Es importante conseguir evitar que se transformen, como suele suceder, en el elemento más venenoso de las relaciones: la culpa y el desprecio.

El problema con el dolor y el enfado es que son muy difíciles de expresar sin, a la vez, avergonzar o denigrar a tu compañero o sin volverse exigente o controlador. Sin embargo, si no los expresas comienzan a crear una pared. Resulta importante reconocer que bajo la tristeza está generalmente el dolor, mientras que el dolor suele estar debajo del enfado. Una de las dificultades es diferenciar entre el enfado y la tristeza. Como ya hemos visto en el manejo de los recuerdos emocionales no resueltos, los dos se suelen fundir en una bola de dolor y enfado que se muestra, principalmente, en las quejas, en el sentimiento de ser una víctima y culpando al otro. Para ser capaz de expresar con éxito esas emociones, primero, tienes que poder estar enfadado con claridad y poder sentir tristeza limpiamente; sin que ninguna de las dos emociones esté contaminada por la otra.

Es necesario que expreses tu enfado con claridad, sin culpar y, si es posible, mostrando buenas intenciones. Una habilidad que yo he probado personalmente, con cierto éxito, consiste en decir «no quiero estar enfadado, pero me siento enfadado por…». Esto comunica un deseo de armonía y puede resultar tranquilizador para el compañero. Hace falta que cada uno se adueñe de su enfado, que reconozca que es suyo. El tono no debe transmitir desprecio, mala intención, ni hostilidad burlona. El enfado que quiere destruir no funciona. Lo que se necesita es un enfado que afirma e informa a tu pareja de tus límites o de la violación de los Iimites, aunque no siempre sea fácil para tu pareja recibirlo. «Estoy enfadado porque no has hecho lo que te pedí. Eso hace que sienta que no soy importante para ti». En realidad, lo que cuenta es la comunicación no verbal y tu actitud. Si eres despectivo, tu enfado será destructivo; si eres respetuoso, no lo será.

Estar enfadado bajo la forma de resentimiento sin expresar y, posteriormente, retirarse y cerrarse, constituye el veneno de las relaciones. Frecuentemente esta es la solución que intenta el que se repliega para resolver el conflicto. No funciona. Lo que funciona es el contacto. Expresar el resentimiento oculto es útil. Primero, es útil porque saca al que se aísla de su escondite. Segundo, es útil, para gran sorpresa del que se aísla, porque pаra el perseguidor es mucho más sencillo manejar el enfado que el distanciamiento. Hay más sensación de contacto que en el silencio sepulcral o en la fría distancia. Contacto es lo que el perseguidor desea, de modo que la expresión del enfado por parte del que se aísla puede ser una forma de contacto y puede mejorar el vínculo íntimo.

Sin embargo, el problema con el enfado es que, por sí mismo, puede intensificarse en escalada, y que las interacciones alrededor del enfado suelen ir en continuo aumento. Una vez que te enfadas, a menos que te topes con una respuesta comprensiva bastante pronto en la secuencia, tenderás a que se te vaya de la mano. En la expresión de enfado de algunas personas hay casi un placer o disfrute. Una vez que se empieza, es difícil parar. Las emociones no son más que una combinación de dejarse ir y contenerse. Una vez vi como un hombre anciano, que estaba perdiendo algunas de sus facultades para regular diferentes aspectos de su funcionamiento, comenzó a enfadarse ante una mínima provocación. Empezó demandando apropiadamente que cesara la provocación pero, entonces, no pudo detener su enfado que aumentaba rápidamente y terminó explotando hecho una furia. Resulta importante ser capaz de regular la expresión y no dejarse llevar sin control.

Más problemática en las parejas es la interacción desenfrenada. Te enfadas, incluso de una manera aceptable, tu pareja responde por igual con enfado, sintiendo una violación de sus límites. Ahora tenemos a dos boxeadores en un cuadrilátero. La secuencia general es, aumenta tu enfado, el de tu pareja también y, pronto, os encontráis lanzando golpes debajo del cinturón. Tú, tu madre y el fregadero de la cocina son incorporados al cuadrilátero. Estas suelen ser discusiones dolorosas y destructivas. A veces, la discusión es la precursora de la dulzura de la reconciliación, frecuentemente, haciendo el amor. De sanar las heridas creadas en una discusión puede surgir un tipo especial de intensidad, pasión y cercanía, pero discutir para hacer las paces, tarde o temprano, sale mal.

Discutir puede volverse tan destructivo que no sea posible reconciliarse. A menudo, uno de los miembros de la pareja prefiere discutir. El intenso contacto del enfado produce una sensación que es mejor que la fría distancia. El problema consiste en que el otro miembro suele ser diferente y percibe las peleas como algo demasiado amenazador o doloroso. Las discusiones en sí mismas no son el problema, sino la incapacidad de resolver la discusión, lo que crea distancia y, a la larga, la disolución del vínculo íntimo.

Separar dolor y enfado

La solución para el dolor y el enfado requiere separar la tristeza del enfado, de modo que cada uno salga de manera pura. El enfado debe ser una afirmación de límites claros y la tristeza debe ser una petición de consuelo, no acompañada de exigencia. Es importante que el enfado sea una expresión de los límites personales, que sea firme pero en modo alguno en forma de ataque. Es necesario que el dolor sea considerado, no como una respuesta inevitable a un acto perjudicial, sino como tu respuesta particular, basada verdaderamente en quien eres y en tu propia sensación de pérdida. Más que considerar que el dolor es causado por el otro, el dolor debe verse como una función de tu propio carácter. Si, por otra parte, consideras que tu pareja ha tenido la intención de herirte o hacerte daño, entonces el enfado es la respuesta apropiada.

Qué hacer cuando tienes problemas.

En nuestras investigaciones acerca de cómo las parejas cambian en la terapia, hemos descubierto que la manera más eficaz de resolver los conflictos moderados y leves de pareja es exponer la vulnerabilidad y las necesidades de vínculo. La intimidad se puede crear compartiendo tus sentimientos sin quejarte. Compartir sentimientos dolorosos puede ser un antídoto para las relaciones cáusticas. No estoy sugiriendo que este sea el método cuando existe violencia o cuando la ira es demasiado fuerte. Si uno de los miembros de una pareja con conflictos moderados, revela y expresa sus emociones previamente no expresadas, de tristeza por la pérdida, o de miedo ante la amenaza, o de enfado por la ofensa, consigue un efecto mágico en su cónyuge. Cuando el compañero, realmente ve las lágrimas, escucha el miedo o percibe el enfado, reacciona saliendo del trance de mantener su posición o de defenderla una y otra vez.

Por el contrario, se vuelve más vital, compasivo, suave, más interesado e involucrado. Las parejas deben comprender que, debido a que las emociones forman la base de la relación, expresar sentimientos genuinos tiene un poder increíble para cambiar las interacciones. La auténtica vulnerabilidad desarma y evoca compasión, el enfado no manipulador sienta los límites y evoca respeto y atención.

Muchos educadores y terapeutas han hablado de las habilidades para la buena comunicación, tales como formular las frases con «yo», no culpar, escuchar, etcétera. Todas son correctas. Todas esas habilidades te ayudan a romper el ciclo que mantiene el conflicto. El asunto es, ¿cómo consigues organizarte para adoptar esas posturas más conciliatorias? Con tus emociones ¡por supuesto! La compasión, el cuidado, el amor y el interés te preparan para prestar atención y escuchar. El miedo y el enfado te preparan para ser menos conciliador.

Aprender a expresar los sentimientos centrales de dolor.

La pregunta es ¿cómo consigues sentir el interés y el amor que resultan tan sanadores? Y ¿cómo lo consigues de tu pareja? La respuesta puede resultar un tanto inesperada. No sé cómo llegas a sentirte amoroso, compasivo y comprensivo; pero sí hemos descubierto algo que tiene que ver con conseguir que tu pareja tenga esos sentimientos hacia ti. Cuando compartes tus sentimientos y necesidades relacionados con el vínculo, tu pareja, generalmente, se vuelve menos intransigente. Cuando expresas sinceramente tus necesidades de cercanía o de identidad, de una manera en la que no culpas, tu pareja escucha y se relaja. Entonces, una vez que sientes que te escuchan y te ven, es mucho más probable que seas capaz de participar en un compromiso más conciliatorio y que comiences a acceder a sentimientos propios más amorosos.

Lo mejor que puedes hacer es intentar presentar tus sentimientos y necesidades con tanta honestidad y apertura como te sea posible, de manera que resulte más probable que tu compañero te escuche y te vea.

Todo esto no significa que tengas que suplicar o actuar con un retraimiento complaciente para tratar de conseguir un favor. Más bien, se trata de ser lo suficientemente fuerte como para arriesgarse a revelar tus necesidades de vínculo, y si no recibes la respuesta deseada, ser capaz de tolerar el aplazamiento de la gratificación. Implica tener la capacidad de apartarte temporalmente de tu compañero, que no está siendo sensible en ese momento, y de poder retornar a ti mismo con elegancia, aunque insatisfecho. Tal vez luego puedas volver a tu compañero sin resentimiento, más bien con humor. La capacidad de reírte de ti mismo, y la aceptación filosófica de la inevitabilidad del conflicto te ayudarán a fomentar la reconexión. La reconciliación, en sí misma, es un arte que requiere la inteligencia emocional de la sensibilidad y la empatía hacia tu propio estado y el de tu pareja, así como las habilidades de saber cuál es el momento oportuno.

  • Durante los últimos meses los negocios de Bob no han ido muy bien y los comentarios de Marie mencionando que su hermano se había comprado un coche muy bonito le hacían sentir incompetente. Cuando Marie habla acerca del coche de su hermano, Bob siente que ella se está quejando porque no tienen suficiente dinero, y comienza a sentir una sensación de vergüenza que le resulta difícil aceptar. Entonces emerge la ira y comienza a gritar. Simplemente, Bob no ha podido reconocer y expresar sus sentimientos de subvaloración o de vergüenza. Es necesario que enfrente sus sentimientos centrales, para que sea más consciente de ellos y pueda expresarlos. Los sentimientos más defensivos y manipuladores como el enfado y la ira no ayudan. Cuando se expresan crean distancia y destruyen el contacto.

Tienes que aprender a expresar tu dolor, sin culpar o sin demandar consuelo. Expresa el dolor de manera que permita a tu compañero sentirse libre de ataque y libre para responder de acuerdo con los dictados de sus propios sentimientos. Esto se consigue reconociendo de verdad que estás herido debido a tu propia vulnerabilidad, a tu propia necesidad, y que el otro es libre para escoger no hacer lo que hizo, o para decir lo que dijo que te hirió.

Supongamos que tu pareja no te estaba escuchando mientras le estabas contando algo importante para ti, o en un momento que tu considerabas de intimidad cambió de tema, o se puso a mirar televisión, o mostro poco interés en el sexo. Todas esas son situaciones en las que podrías sentirte herido o enfadado. Digamos que te sientes herido debido al rechazo sexual y que esto forma parte de un patrón.

Generalmente tú eres el más interesado en el sexo pero, normalmente, esperas a que sea tu compañero el que haga alguna insinuación. Ambos habéis hablado de esto y habéis llegado al acuerdo de que es un buen sistema para evitar que te sientas rechazado. Sin embargo, aun así, a veces eres tú el que hace las insinuaciones, y cada vez que tu compañero no siente mucho deseo, aunque esté dispuesto a continuar, sientes que la excitación no es mutua, y entonces aparece el dolor y el enfado. En esta situación, estás atascado. Si continúas en silencio comienzas a dividirte en dos, una parte se esconde y la otra sigue presionando; lo que no te proporciona una solución satisfactoria. Si expresas dolor o enfado puedes provocar, incluso, una ruptura mayor, un desgarro en la conexión. Eso no sucederá si hablas sin culpar y desde el corazón. Si dices «esto me resulta difícil porque me siento dolido otra vez, como si no me quisieras o no desearas estar cerca de mí, y estoy haciendo un esfuerzo por mantenerme conectado contigo». En ese momento tu pareja es libre de responder como él o ella sienta que es más adecuado. Esa es la clave. Si tu pareja se siente de algún modo coaccionado, incluso en el caso de que recibas una respuesta positiva, terminarás siendo el receptor de más resentimiento por su parte, y no te compensa.

Apropiarte de tus sentimientos

Cuando tienes problemas de pareja, cuando te atascas en el entado, la decepción y la distancia, hace falta que descubras, de nuevo, tu sentimiento más verdadero y que trates de expresar ese sentimiento auténtico de una manera que no resulte culpabilizadora. Por lo general, se trata de tristeza o de miedo. Es necesario que tu pareja sea capaz de escuchar esos sentimientos sin ponerse a la defensiva. No culpar y no defenderse es la base para restablecer la intimidad. Eso significa que cada miembro de la pareja tiene que poder poner el foco en sí mismo, hablar de «yo» en vez de hablar de «tú». Focalizarte en ti mismo y decir cómo te sientes por dentro ayuda a anular la culpa.

Otro elemento importante añadido para resolver el conflicto es tener claro cuál es la necesidad o la meta que estás buscando. Cuando tu meta actual de más alto nivel progresa y tú tienes un deseo real de mantener y mejorar la relación, tus respuestas resultarán tan constructivas como sea posible.

Muchas parejas bailan el interminable vals del control «yo estoy en lo cierto, tu estás equivocado». Para conseguir que tu relación funcione tienes que decidir que en la vida es más importante ser feliz que tener la razón. Entonces, empiezas a ver que el desacuerdo tiene más que ver con ser diferente, que con estar en lo cierto o equivocarse.

Cuando hablas de esta manera y te apropias de tu dolor diciendo «siento mi dolor», en vez de «tú me has hecho daño, tú esto y aquello…», estás hablando con claridad de sentimientos; tienes que ser capaz de hacerlo y de sentirte cómodo mientras lo haces. ¿Qué sucede si eres un jugador de fútbol de 110 kilos, o una mujer joven exigente deseando ser independiente, o un ejecutivo de alto nivel acostumbrado a dar órdenes? El problema es que si no puedes aceptar sentirte débil, herido, o necesitado sin enfadarte y si no puedes comunicar todo eso a tu manera, estarás condenado a que tus relaciones íntimas resulten difíciles y menos satisfactorias. Todos nos sentimos necesitados como bebés en algún momento, y todo el mundo, a veces, necesita que le cuiden. No hay nada malo en eso, siempre que puedas integrar la cabeza con el corazón para ayudarte a tolerar la frustración si tu pareja no puede responder. También es necesario que aprendas a alternar cuidar y que te cuiden. Ser el bebé cuando el otro está disponible para calmarte de verdad y atender tus necesidades, de una forma cariñosa, tierna y haciendo contacto, resulta maravillosamente nutritivo y satisfactorio. El problema se presenta si ambos necesitáis ser cuidados simultáneamente. Es muy difícil tener dos bebés en la casa al mismo tiempo. Entonces, uno tiene que crecer con bastante rapidez, o los dos terminarán gritando sus necesidades.

Consolarte a ti mismo

No ser capaz de proporcionarse auto-consuelo como respuesta a rupturas momentáneas en las relaciones o a conflictos menores con otras personas, produce muchos sentimientos de malestar.

Por ejemplo, es posible que te pongas tan ansioso que no puedas tolerar la desaprobación, si tu compañero está enojado contigo por haber llegado tarde o por no haber lavado los platos como te pidió. Entonces, comienzas a presionar insistentemente para que tu pareja te tranquilice asegurándote que todavía te quiere, mientras él o ella todavía está enojado. En vez de tranquilizarte, recibes más enojo. Eso produce el alejamiento que con tanta ansiedad estás tratando de evitar. Si hubieras sido capaz de aliviar tu propia ansiedad, o este auto-consuelo emocional fuera automático, no te sentirías ansioso, podrías tolerar mejor esas pequeñas rupturas en el vínculo. Es importante aprender las habilidades del auto-cuidado. La metáfora de cuidar tu «niño interior», aunque en realidad seas un adulto y no tengas un niño dentro de ti, puede ayudarte a acceder a respuestas de auto-consuelo. Tienes que sentir compasión y ser capaz de proporcionar consuelo. Conductas como darte gusto con tu actividad favorita, escuchar música, relajarte, darte un baño caliente, dar un paseo o llamar a alguien para sentir contacto y apoyo también pueden ser útiles.

Es posible que te sientas incapaz de auto-consolarte, debido a la ausencia de estructuras o de procesos internos con los que relajarte y/o calmarte o nutrirte. Quizás no hayas recibido un caudal suficiente de esto en la infancia como para formar un padre interno nutriente. Cuando las relaciones son interrumpidas momentáneamente te sientes desesperado y tienes dificultad para mantener la sensación de seguridad que puede generarse en la historia vivida de la relación. Entonces, resulta difícil amortiguar, incluso, interrupciones pequeñas y no eres capaz de proyectar la visión de un futuro seguro para la relación. Así que percibes una tremenda amenaza, como si la distancia o una leve ruptura significara que la relación ha terminado. Todo esto puede sonar extraño o exagerado, pero nos sucede a todos en algún momento, con independencia de la seguridad que sintamos. Piensa en la última discusión que tuviste con un compañero íntimo. Probablemente, al menos uno de vosotros, entró en ese estado de apego ansioso. Seguramente debido a eso todo fue en aumento hasta llegar a la discusión. Uno de los dos perdió la perspectiva y de repente, sintió que a menos que se resolviera la diferencia y os acercaréis inmediatamente, vuestra relación, o uno de vosotros, no sobreviviría.

Es probable que el otro compañero sintiera que su identidad estaba amenazada, que si no se le escuchaba en ese mismo momento sería siempre malentendido e invalidado. Seguramente ninguno de los dos piensa eso de manera realista, pero una parte ansiosa de cada uno de vosotros actúa de esa forma, en un gran esfuerzo por proteger algo. Lamentablemente, las mismas soluciones que aplicas para protegerte, al tratar de advertir, convencer o culpar a tu pareja, suelen convertirse en el problema. Es necesario que seas capaz de calmarte con imágenes anteriores de seguridad y cariño, reconociendo que otras situaciones difíciles se han solucionado. Tienes que trabajar con tu ansiedad, calmándola, asegurándote que «esto también pasará», con la experiencia que tienes de que así ha sido en el pasado.

Apreciar a tu pareja

Otro factor importante para llevarse bien es sentir y expresar aprecio por el otro. Es conveniente expresar los sentimientos que tienes hacia tu compañero, tanto los positivos como los negativos. Aunque parece lógico que es necesario expresar más los positivos que los negativos, las personas se olvidan pronto de esta regla de oro en sus relaciones. Algunas parejas tienen problemas porque lo positivo se da tanto por sentado, que terminan expresando solamente lo negativo. Por otra parte, ciertas parejas sienten que no se les permite expresar lo negativo y lo evitan totalmente. Ninguna de esas estrategias es constructiva.

Capitulo 9 del libro «Emociones: una guía interna» (2000).

Dr. Lesile Greenberg. Ed. Desclee de Brouwer

Traducción: Magdalena Blasco Pérez / Transcripción: Esteban Azumendi

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