
Sanar la confianza luego de una infidelidad es un proceso delicado, largo y conjunto.
Algunos creen que es mejor tapar y no ver; otros exigen dar vuelta de página y dejar el pasado atrás (como si superar el dolor fuera por decreto y decisión) o una mera «cuestión del otro», como si volver a confiar dependiera ahora exclusivamente de quién ha sufrido la traición.
Si la herida es de a dos, la solución es de a dos.
Luego de una infidelidad, la palabra queda totalmente «devaluada» y ya no tiene el peso de antes. Si bien reconocer el error y pedir perdón es un paso ineludible, muchas veces no es suficiente. Recuperar la «palabra» requiere una serie de actitudes y acciones que vayan garantizando nuevamente la confianza.
Podría verse un proceso que cuenta con tres fases:
- Blanqueo.
- Conductas de compensación.
- Trabajar la dinámica previa de la relación.
Primero: el blanqueo.
Se debe poner la «verdad» sobre la mesa. Aunque duela.
Es una tortura mental para ambos estar dudando, persiguiendo y justificándose continuamente. La investigación y la búsqueda de «pruebas» desgastan hasta el mejor de los vínculos.
Se trata de afirmar «ésto paso, con tal persona, en tal lugar, en tal momento«. No se trata de miles de detalles intimos, sino de constatar que lo que pasó, pasó. Es el momento del shock, del derrumbe, de intentar pisar tierra aunque ésta se resquebraje. Sino se le pone nombre, la incertidumbre y la imaginación empeoran aún más las cosas.
Una vez blanqueada la situación, es necesario explicitar que ambos quieren y deciden transitar la reconstrucción de la relación: «si uno no quiere, dos no pueden» (dice el refrán).
«¿Quiero recuperar la relación y la confianza? ¿Estámos los dos en la misma página?»
Solo entonces se puede empezar a sanar, solo la verdad libera. Ha habido un tremendo error, dolorosísimo. Pero sólo si ambos quieren, entonces se puede pasar a la siguiente etapa.
Segundo: las conductas de compensación.
Luego de la bomba, la confianza de la relación entra en terapia intensiva. No alcanzan los cuidados comunes de cualquier relación normal. Hay una herida profunda, y necesita cuidados especiales e intensivos de quién cometió la infidelidad.
Un primer cuidado intensivo es la transparencia. Permitir saber todo lo que el otro necesite saber. No me refiero a lo detalles sexuales (lo que puede ser más retraumatizante aún) sino la transparencia de los movimientos actuales para garantizar la confianza. El sistema nervioso queda traumatizado y en alerta, y se necesita reconstruir la seguridad básica. Ya sea aclarando a dónde se vá, con quien se vé, con quién se chatea, en qué se está pensando, avisar con tiempo un cambio de planes, etc. Cuanta más claridad y precisón haya de los movimientos, menor necesidad de estar investigando si no hay algo detrás. Aunque parezca excesivo, hay que recordar que la confianza entró en terapia intesiva. Una disponibilidad previsible y cariñosa pueden ayudar a bajar la alertas. Es parte del costo que se tiene que asumir por el perjuicio provocado.
Un segundo cuidado intensivo es exteriorizar un interés explícito, claro y continuo. Algunas personas necesitan escucharlo una y otra vez. Otras, necesitan verlo más en hechos que en palabras, en propuestas concretas. La iniciativa de encuentro es lo que puede sanar el dolor del haber sido dejas de lado. El cerebro del traicionado solo percibe «peligro» ante la menor desatención. Y necesita sentir que el otro «está ahi» y «que quiere estar». Probablente se ha sentido un «tonto» por haber confiado, y necesita volver a sentirse importante y especial. El error nunca es confiar; el error es no ser honestos. Aunque parezca excesivo: recordemos que la confianza esta herida y en terapia intensiva.
En esta etapa es necesario cortar de raíz con toda actitud que pueda expresar ambiguedad o incongruencia: es necesario interrumpir defitivamente cualquier contacto con el tercero en cuestión, aún con el costo que pueda tener (laboral, pertenencia social, económico, etc). De lo contrario, su presencia siempre reportará una amenaza latente y entorpecerá el proceso. Se debe dejar todo tipo de chateo o conversación confusa, aunque se mantenga clara la intención, así como evitar frecuentar ciertos ambientes que predisponen a la infidelidad.
El principal remedio en esta etapa es la empatía con el dolor. Quien ha sido traicionado ha quedado vulnerable y necesita sentir que el otro comprende la magnitud de su dolor. Aunque las conversaciones se repitan. Hay que permanecer ahi, cerca del dolor. Las recriminaciones, las acusaciones y las justifcaciones alejan aún más este acercamiento. Se necesita una apertura simple, vulnerable y sensible del dolor, purificada de todo tipo de recriminación.
Porque debajo del enojo, la tristeza y el dolor lo que queda es el MIEDO:
«¿Te importo realmente? ¿Te sigo gustando?
¿Seré suficiente para vos? ¿Puedo contar con vos? «
Abrir este miedo subyacente es lo que puede empezar a aflojar la distancia. Hay quienes necesitan escuchar una y otra vez las respuestas a éstas preguntas. Otros necesitan un abrazo cariñoso reiterado. Otros necestan ver acciones que respalden la intención de recuperar la relación.
La infidelidad es un dolor que queda para siempre y deja una marca imborrable en la historia de la pareja. Pero aún así se puede superar y recontruir la confianza dentro de la relación. Y en muchos casos, con mayor profundidad y plenitud. Puede ser un despertar.
Quien tuvo el poder de ocasionarla, tiene tambien el poder de sanarla. No se trata de esperar que el otro vuelva a confiar por decisión propia. La confianza se reconstruye de a dos, en la medida que uno responde de manera constante a la necesidad de amor del primero. Éstos cuidados requieren mucha paciencia, tiempo y sobretodo repetición. Es la constancia lo que irá recuperando la confianza tranquilizadora y seguridad que pueda reconstruir el vínculo.
Tercero: trabajar la dinámica previa de la relación.
Cuando los miedos empiecen a apaciguarse, la historia previa comenzará a aparecer. Se empieza a ver con mayor nitidez los puntos sensibles de cada uno que fueron desatendidos. Lo que antes se tapaba, ahora se dice con menos tapujos. Seguramente, se toma conciencia de un modo de gestionar los momentos de desconexión que ya no les resulta eficiente:
- ¿Me guardaba las cosas y me metía para adentro? ¿Cargaba de más? ¿Explotaba después?
- ¿Buscaba distracciones por fuera de la relación? ¿Me costaba registrar al otro?
- ¿Era de expresar mis necesidades por medio de reproches y criticas? ¿Presionaba hasta que el otro saltaba? ¿Lo ponía a prueba? ¿Agredía?
- ¿Justificaba y minimizaba lo que el otro me decía? ¿Me blindaba y dejaba de escuchar? ¿Ridiculizaba al otro?
- ¿Criticaba las necesidades del otro como problemas de su personalidad? ¿Me defendía?
- ¿Me costaba registrar lo que sentía? ¿O me costaba ponerlo en palabras?
- ¿Evitaba proponer?
- ¿Imponía mis deseos sin preguntar?
- etc, etc, etc.
Esta dinámica o ciclo vincular necesita actualización, ya que sin querer lo que hace uno muchas veces retroalimenta al otro en un círculo vicioso:
«cuando más me reclamás, más me encierro. Y cuanto más me encierro más me reclamás«.
No solo para evitar que vuelvan a recaer, sino para favorecer esa conexión que antes no se estaba consiguiendo. Si bien la responsabilidad de una infidelidad es de quién la decide y comete, casi siempre se puede rastraer en lo previo una dinámica vincular insuficiente que los venía erosionando y de la cual ambos eran reponsables aunque no eran del todo conscientes. A veces tambien puede ser un crisis individual de uno de los dos, de la cual el otro casi ni enterado o no supo como acompañarla. La infidelidad es una pésima manera de resolverla, pero en lo previo ambos seguramente en algo tenían que ver y hoy tienen la oportunidad de mejorar como equipo.
Asumir la responsabilidad de quién es infiel, no es equivalente a intencionalidad. La mayoría de la veces quien es infiel se desconecta y luego sufre al saber que esta dañando al otro. La infidelidad es una expresión trágica y equivocada de una necesidad afectiva no concientizada y mal manejada.
¿Es responsable de lo que hizo? Si. ¿Fué con la intención de dañar al otro? Casi siempre no. La infidelidad no es el problema, sino un síntoma de la relación.
Por eso, el proceso de restaurar la confianza es siempre de a dos. Tanto para tratar las secuela del trauma, como para hacer un trabajo a fondo en el modo de conectar. La crisis puede ser una gran oportunidad para acceder a lugares de conexión que antes ni se vislumbraban.
La elobración de esta tercera fase es lo que garantiza significativamente el buen pronóstico y previene de futuras recaídas.
Apéndice.
Es imprescindible que ambos tengan un mismo mapa de reconstrucción. Para unificar criterios una terapia de pareja puede ser lo mejor. No para reprocharse o tirarse toda la «mierda», o porque sea el preámbulo de una separación anunciada de antemano. La terapia de pareja no es el último cartucho antes de la separación para quedarse tranquilo que al menos se intentó todo. Sino para estar bien alineados y despejar todo tipo de comunicación que no ayuda, dado que la confianza está en terapia intensiva.
A veces, la infidelidad puede destapar heridas o bloqueos de la infancia que vuelven a doler. Y será necesario abordarlas tambien, pero solamente cuando previamente se hayan dado las tres fases anteriores descriptas durante un buen tiempo. Minimizar el dolor del otro aludiendo a heridas de la infancia no resueltas puede ser muy agresivo en la terapia intensiva. Se necesita estabilizar el sistema de la pareja primero, para luego trabajar algun tema de fondo si es necesario.
Aunque sea dificil…: ¡SE PUEDE!
Esteban Azumendi
(escrito con inteligencia natural)